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La calidad del empleo en Cartagena

Desde hace varias décadas, los gobiernos de turno se han preocupado por disminuir el desempleo, uno de los principales males que aquejan a la población colombiana. Un claro ejemplo de esto, es la creación del Ministerio del Trabajo bajo el mandato del presidente Juan Manuel Santos, con la dirección de Rafael Pardo Rueda.

Según el último estudio realizado por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), para el trimestre abril-mayo-junio, se determinó que la tasa de ocupación fue de 58% es decir, 20.988 personas y la de desempleo de 9% traducido en 2.136 personas aproximadamente.

De este modo, podría entenderse que el panorama laboral en Colombia es alentador, sin embargo para ese mismo trimestre, las actividades laborales con mayor crecimiento fueron las de obrero y trabajador por cuenta propia.

La ciudad de Cartagena, no ha sido ajena a esta situación, actualmente se encuentra entre las ciudades con menor tasa de desempleo en el país, situación ocasionada por su decrecimiento desde finales de los años 90, pasando de un 20% aproximadamente,  hasta hoy a una tasa de menos de un dígito.

A partir de ese diagnóstico, es posible creer que el mercado laboral en Cartagena ha sido próspero, sin embargo esas pueden considerarse conclusiones erróneas. Así lo afirma Dewin Pérez, Secretario Técnico del Observatorio del Mercado Laboral de Cartagena, quien presenta los resultados del estudio “La calidad del empleo en la ciudad de Cartagena 2007 – 2011” realizado por dicha entidad, en el que se muestra que fenómenos como el subempleo y la informalidad son las principales variables que disminuyen las cifras del desempleo.

El subempleo y la informalidad laboral, hacen referencia a aquellas personas que no cuentan con una vinculación formal con alguna empresa u organización, o que obtienen sus ingresos por cuenta propia. Es decir, el trabajador no tiene una subordinación directa de un empleador, simplemente realizan trabajos esporádicos y con funciones que no cuentan con un modo, tiempo, ni duración determinada. 

Allí se incluyen aquellas personas quienes serían ese “tercero dependiente” del empleador  que no goza de los beneficios de un empleo digno, tales como salario, protección social, censantías, pensión, entre otros.

“De cada 100 empleos, 60 son informales” argumenta Dewin Pérez, quien complementa esta afirmación explicando que la tasa de informalidad en Cartagena está 10 puntos por encima de la tasa de informalidad nacional y sumando a esto el índice de subempleo en la ciudad es de un 24%.

Ante este escenario, Ernesto Hernández, quien se desempeña como comerciante artesanal del Centro Histórico, argumenta que le parece curioso que “Con una venta informal, aunque son más horas de trabajo hay ocasiones en las que se gana más que un profesional universitario”. Según Ernesto, si trabajara como empleado, su sueldo no alcanzaría para cubrir todos sus gastos.

Unas de las grandes problemáticas que ha surgido con la inclusión del trabajo informal y el subempleo, para determinar  las cifras de desempleo en el país, es la poca credibilidad, que los colombianos tienen en ella, ya que en la práctica no vislumbran estas mejorías. 

Por otra parte, es importante mencionar que una ocupación para ser considerada empleo, debe completar las siguientes características: contar con un salario mínimo, vital y móvil,  prestaciones sociales y seguridad social.

Los trabajadores con sueldo mínimo reciben 589.500 pesos mensuales ($22.800 más que en el 2012) y el auxilio de transporte es de 70.500 pesos. Este salario mínimo es definido al finalizar cada año por el Gobierno Nacional, los empresarios y las centrales obreras, quienes se reúnen para establecer el que regirá en el próximo año.  Para esto se tienen en cuenta  factores como la contribución de los salarios al ingreso nacional, el incremento del Producto Interno Bruto (PIB), la meta de inflación y la inflación observada. Aunque hay casos como el del presente año en que el gobierno, amparado en la Ley 278 de 1996 interviene y fija. 

En la actualidad, son los jóvenes quienes se muestran más temerosos acerca de su futuro laboral; para Martha Ramos, estudiante de diseño gráfico, “Si terminas una carrera, no la ejerces, al final nos desempeñamos en algo totalmente diferente, con lo que no estamos conformes”. Para estos futuros profesionales, conseguir empleo en su área de estudio es casi imposible, por eso creen que apostarle a la creación de microempresas es la salida más viable.

Esto no hace más que reafirmar el índice de la calidad del empleo en Cartagena, que fue arrojado por el estudio realizado por el Observatorio del Mercado Laboral. La ciudad cuenta actualmente con un 35% en la calidad del empleo, dentro de un margen de 0 a 100, es decir Cartagena no alcanza por lo menos los estándares medios, hecho que demuestra la calidad precaria del empleo que se tiene y además nos confirma el gran número de cartageneros que están obteniendo recursos por cuenta propia para garantizar su subsistencia y la de sus familias. 

De ese modo, el estudio dejó como principal conclusión que desde las instituciones y entidades gubernamentales, es necesario fortalecer el aparato productivo para que este sea capaz de generar un mayor volumen de ocupación, con el fin de absorber más mano de obra sin sacrificar las condiciones laborales de los empleados, sino a través de un aumento en la competitividad. Para la ciudad de Cartagena, hay que apostarle a la productividad del trabajo, con el fin de mejorar las condiciones laborales de sus habitantes; estos esfuerzos deben ser direccionados hacia los sectores que emplean a la mayor parte de la población como construcción, transporte y comunicaciones, comercio y hoteles. 

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Estudiante de la Universidad de Cartagena, ganadora de la Beca Interamericana Horst Otterstetter

Daniela Lucía Henao Agumedo, ingeniera química graduada de la Universidad de Cartagena y actual estudiante de la maestría en Ingeniería Ambiental de la misma institución fue la ganadora de la décimo cuarta edición de la Beca Interamericana Horst Otterstetter.      

Esta beca es entregada por el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México para el periodo comprendido del el 1 de octubre de 2013 al 31 de marzo de 2014 con un monto mensual de $11.700 pesos mexicanos, es decir unos $870 dólares o $1.650.000 pesos colombianos.  

Daniela fue seleccionada en un concurso abierto en donde participaron estudiantes de más de treinta países del mundo obteniendo el aval para concurrir de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaría y Ambiental (ACODAL). 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se caracteriza por ser una de las instituciones de educación superior más prestigiosas de Latinoamérica ubicándose según los rankings QS en el puesto 6 de la región y en el 146 a nivel mundial.     

Asimismo, El Instituto de Ingeniería de la UNAM, conformado por más de 200 investigadores y técnicos académicos, posee  ascendente reconocimiento dentro de la esfera regional debido a sus proyectos orientados a dar solución a problemas generales de la ingeniería, así como sus colaboraciones con organizaciones públicas y privadas, y entidades del gobierno federal y estatal. 

 

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